Sobre la convivencia

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Extraído del artículo "Sobre la convivencia en España / y 2" de Pedro Laín Entralgo
Publicado en EL PAÍS, Opinión el 07 de Mayo de 1981.


Durante casi cuarenta años, la pública consideración de los vencidos como «antiespañoles», «asesinos», «horda roja», etcétera, ha sido entre los vencedores regla constante. Qué antología de textos podría componerse. Se publicó una Causa general, hubo lápidas para los caídos en la retaguardia, del nombre de Paracuellos se hizo todo un símbolo, fue minuciosamente elaborada una tesis doctoral acerca de los sacerdotes y religiosos asesinados... Cierto todo ello. Horrible todo ello. Y aun cuando bien temprano hubo entre los republicanos y los socialistas muy autorizadas voces que denunciaron ese horror y protestaron contra él —Azaña, Prieto, Zugazagoitia, varios más—, no sería inoportuno que los actuales socialistas y comunistas siguiesen diciendo: «Aquello, no; aquello, nunca más». Pero es el caso que, a la vez que se producían esos horrores en la retaguardia «roja», otros equivalentes acontecían en la retaguardia «nacional». Durante los primeros meses de la guerra, y aun después, ¿qué pasó en Badajoz, en Valladolid, en Zaragoza, en Sevilla, en Salamanca, en tantas y tantas ciudades, en tantos y tantos pueblos de esa retaguardia? Como contrapartida de los sacerdotes y hombres «de derechas» vilmente asesinados, ¿cuántos republicanos, socialistas y masones no cayeron, asesinados no menos vilmente, sólo por el hecho de haber sido lo que honradamente fueron? Estos no han tenido su «causa general», y —desde 1975— acaso tal deficiencia sea una responsabilidad colectiva de los partidos de la oposición; salvado el caso de Federico García Lorca, sólo esporádica y fragmentariamente se les ha mencionado, y en ocasiones no con la dignidad editorial que el tema requería. Y por otra parte, ¿qué voces han salido de los grupos sociales y políticos más representativos de los vencedores, para reconocer la existencia de esa atroz realidad y para a continuación arrepentidamente decir: «Aquello, no; aquello, nunca más», o lealmente confesar un «También nosotros»? Penosa historia esta de lo que debio suceder y no ha sucedido.
Leer el artículo completo en Nauscopio. De imprescindible lectura para descubrir que las cosas no han evolucionado demasiado.

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3 Comentarios

Carlos dijo:

La utilización de los puntos suspensivos en la web de Causa General es más que curiosa.

Junjan dijo:

En realidad se han inventado la frase.

Perindolo dijo:

Efectivamente: a partir del 18 de julio del 36 en cada pueblo español hubo un paracuellos.

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Sobre este artículo

Esta página fue escrita por Junjan el 21 de Octubre 2005 3:07 PM.

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